jueves, 2 de agosto de 2012

LA BIBLIA

Algunos cristianos mal informados, o que tienen dudas sinceras, ponen en tela de juicio la autoridad de la Biblia. Podemos tener que enfrentarnos a personas que sostienen que la Biblia es una colección de mitos e inexactitudes. Hay tres cosas que caracterizan a casi todos aquellos a los que les resulta difícil aceptar la autoridad de las Escrituras.

·         Es raro que se molesten en leer la Biblia.
·         Abordan la Biblia con muchos prejuicios aprendidos de los críticos de las Escrituras y sus escritos.
·         No conocen al “Autor”.

Sin embargo, ¿podemos confiar en la Biblia? ¡Sí!

Billy Graham dijo: “Hace mucho tiempo decidí aceptar la Biblia por fe. Esto no debería resultarle a nadie muy difícil. La mayoría de nosotros no entendemos la fisión nuclear; pero la aceptamos. Por mi parte, no comprendo la televisión, pero la acepto. No entiendo la radio; pero todas las semanas mi voz recorre el mundo y la acepto. ¿Por qué es tan fácil aceptar todos estos milagros realizados por el hombre y tan difícil aceptar los milagros de la Biblia?”
¿En qué autoridad nos basamos para creer en la Biblia?

1.    La Biblia misma sostiene que es la Palabra de Dios. “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra” (2 Timoteo 3:16-17).
“Entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada, porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo” (2 Pedro 1:20-21)
2.    Jesús y los apóstoles confirmaron su autenticidad, citando sus pasajes continuamente en sus escritos y ministerios. Por ejemplo, tenemos la confirmación de Jesús: “Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido” (Mateo 5:18) Asimismo, Pedro citó las palabras de David para substanciar la resurrección de Jesucristo (véase Hechos 2:29-36).
3.    La iglesia histórica ha reconocido y utilizado siempre la Biblia como la palabra inspirada por Dios sobre Sí mismo y Su voluntad. Hay citas de los primeros cristianos que se remontan hasta el final del primer siglo de nuestra era. La Biblia ha sido siempre la regla definitiva de fe y práctica para la verdadera iglesia.
4.    La historia y arqueología se combinan para confirmar la autenticidad de la Biblia. Las crónicas históricas son evidentes e indiscutibles. Muchos de los lugares que se mencionan en la Biblia se pueden identificar con facilidad, incluso en la actualidad. Centenares de sitios arqueológicos han permitido obtener pruebas abundantes que confirman la tesis cristiana de que se debe confiar en la Biblia. También se han preservado hasta nuestros días manuscritos antiguos de la Biblia y podemos mencionar tres de ellos:
Los Rollos del Mar Muerto contienen ya sea fragmentos o el texto completo de todos los libros del Antiguo Testamento, con excepción del de Ester. Algunos de esos textos se remontan a dos o tres siglos antes de Cristo.
El Códice Sinaítico, descubierto en el antiguo monasterio situado al pie del Monte Sinaí, se remonta a los primeros siglos de la era cristiana.
Muchos de estos y otros documentos se encuentran disponibles para examen.
5.    El cumplimiento de las profecías es un buen testimonio de la exactitud de la Biblia. Unos cuantos ejemplos tomados de la vida de Jesús servirán para ilustrar este punto:
Nacería en Belén: Miqueas 5:2 y Lucas 2:4-7.
Llevaría una vida sin pecado: Isaías 53:9 y 2 Corintio 5:21.
Lo matarían (crucificarían): Isaías 53:5-7 y Mateo 27:35.
Clamaría desde la cruz: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?: Salmo 22:1 y Mateo 27:46.
6.    La notable unidad y la coherencia de la Biblia confirman su autenticidad. Revela un solo autor –el Espíritu Santo- tras la diversidad de sus autores humanos. No es simplemente un conjunto de personajes, lugares y fechas. Posee una continuidad asombrosa, puesto que los hechos como el mensaje de la Biblia están recíprocamente relacionados, en formas estrechas y asombrosas, para revelar al Hijo de Dios, nuestro Señor y Salvador Jesucristo y Su obra de redención y restauración del género humano. ¡Es un libro con un tema: Jesucristo!
7.    La Biblia se confirma por su poder para transformar vidas. Su mensaje surgió con poder en la escena humana, en la época neotestamentaria, para trastornar “el mundo entero” (Hechos 17:6). Hay poder en el mensaje de la Palabra de Dios. Desde la época del Apóstol Pablo hasta nuestros días, el poder del evangelio ha transformado muchas vidas. Sólo los países afectados por el mensaje evangélico de la Biblia han conocido una elevación de sus sociedades: los derechos humanos, el trato que se les da a los niños y las mujeres, los avances médicos, la libertad de la esclavitud, etc. La Biblia es el único libro que proporciona respuestas para las preguntas cruciales de los seres humanos: ¿Quién soy? ¿De dónde procedo? ¿Por qué estoy aquí? ¿A dónde voy? ¿Cuál es la finalidad de la existencia?

Estrategia de asesoramiento:

¡No inicien discusiones nunca! Si su interlocutor es lo bastante flexible como para escucharles, preséntenle una cantidad tan grande de lo que aquí se ha escrito como sea posible.

1.    La aceptación de la Biblia por una persona se relaciona directamente con su disposición para aceptar a su autor. En algún momento apropiado, durante la conversación, pregúntenle a su interlocutor si ha recibido alguna vez a Jesucristo como su Señor y Salvador. Háblenle de las Cuatro leyes espirituales.
2.    Aconséjenle que obtenga una traducción reciente de la Biblia para su lectura y estudio. El abordar el estudio de la Biblia con la mente dispuesta y pidiéndole a Dios que se revele a Sí mismo, Su voluntad y Sus propósitos, deberá proporcionar una experiencia muy valiosa.
3.    Aconséjenle que busque una iglesia en la que se enseñen las doctrinas de la Biblia para que pueda tomar parte en la adoración, los estudios bíblicos y el compañerismo con otros que toman la Biblia muy en serio.
4.    Oren con esa persona, pidiendo que tenga iluminación espiritual, fe y plenitud en su vida mediante el poder de la palabra de Dios. “Y ahora, hermanos, os encomiendo a Dios, y a la palabra de su gracia, que tiene poder para sobreedificaros y daros herencia con todos los santificados” (Hechos 20:32).

Recomendaciones adicionales:

1.  Si su interlocutor admite no haber leído mucho la Biblia, anímenle a que comience a hacerlo cuanto antes. Deberá seguir los mismos métodos que emplearía en cualquier experimento: abordar las Escrituras imparcialmente y darles una oportunidad en sus pensamientos. Recomiéndenle que comience con el evangelio de Lucas, luego con el Libro de los Hechos y, a continuación, en cualquier otro lugar de la Biblia.

2.  Respuestas a posibles preguntas que se puedan presentar:

A.   La Biblia dice que el hombre ha estado en la tierra durante sólo unos 6.000 años.
Respuesta: La Biblia no dice en ninguna parte que el hombre haya estado en la tierra sólo 6.000 años. Este concepto falso se debe probablemente a la cronología del Obispo Ussher, desarrollada en el siglo XVII. La Biblia no dice que la antigüedad del hombre sea de 6.000, 60.000 ni 600.000 años. Lo que dice es: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra” (Génesis 1:1).
B. La Biblia está llena de inexactitudes.
Para poner a prueba los conocimientos de su interlocutor, pregúntenle: ¿Qué inexactitudes? En caso de que responda mencionando la creación, el arca de Noé, el día largo de Josué, el pez de Jonás, el nacimiento virginal, etc., díganle que no podemos explicar esas cosas, aunque creemos que son históricas. No necesitamos defender esos conceptos. Dios habló. ¡La Biblia exige fe! Citen a Billy Graham del comienzo de este tema. Pablo, el apóstol, dijo, al escribir respecto a quienes tienen dificultades con las Escrituras: “Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente” (sólo se pueden por medio del Espíritu Santo) (1 Corintios 2:14).
C. Me resulta difícil creer en la Biblia o no la entiendo.
Respuesta: Recomiéndenle que adquiera una traducción moderna de la Biblia y que vuelva a intentarlo. Citen a Mark Twain, que escribió: “Lo que me inquieta no son las cosas de la Biblia que no comprendo, sino las que entiendo”.
Si el interlocutor parece sincero en sus dudas, recomiéndenle que recite la oración que sugiere John Stott en su libro “Basic Christianity”: Dios, si existes (y no sé si existes o no) y si puedes oír esta oración (y tampoco sé si puedes hacerlo), quiero decirte que estoy buscando sinceramente la verdad. Muéstrame si Jesús es verdaderamente Tu Hijo y el Salvador del mundo. Y si logras convencerme en mi mente, confiaré en El como mi Salvador y lo seguiré como mi Señor”.

Quizá le resulte conveniente utilizar el método de D.L. Moody para abordar el estudio de la Biblia:

“Oré pidiendo fe y creí que algún día la fe descendería sobre mí y me golpearía como un rayo. ¡Sin embargo, la fe no llegaba! Un día estaba leyendo el capítulo 10 de Romanos: “Así que la fe es por el oír, y el oír por la palabra de Dios” (Romanos 10:17). Había cerrado mi Biblia y pedido fe. Entonces, abrí mi Biblia, comencé a estudiarla y la fe ha ido creciendo en mí desde entonces”.

Citas bíblicas:

Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos ylas intenciones del corazón”. (Hebreos 4:12)ón”. (Hebreos 4:12)

Por lo cual también nosotros sin cesar damos gracias a Dios, de que cuando recibisteis la palabra de Dios que oísteis de nosotros, la recibisteis no como la palabra de hombres, sino según es en verdad, la palabra de Dios, la cual actúa en vosotros los creyentes” (1 Tesalonicenses 2:13).

Porque las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron, a fin de que por la paciencia y la consolación de las Escrituras, tengamos esperanza”. (Romanos 15:4).

Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas; porque el tiempo está cerca”. (Apocalipsis 1:3).
Testificando Dios juntamente con ellos, con señales y prodigios y diversos milagros y repartimientos del Espíritu Santo según su voluntad” (Hebreos 2:4).

2 Timoteo 3:16-17
2 Pedro 1:20-21
Hechos 20:32.
Tomado del libro: “Manual de Billy Graham para obreros cristianos”

©CAZADORES DE DIOS 2009-2012. Derechos Reservados. Prohibida su reproducción total o parcial sin la autorización del autor

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martes, 31 de julio de 2012

Apostasía e indiferencia espiritual


Apostasía e indiferencia espiritual

La palabra “apostasía” significa abandonar las prácticas religiosas y caer moralmente. Tiene una connotación espiritual más profunda que lo que expresan estas simples palabras. Significa que se pierde la comunión con el Señor, con frialdad e indiferencia hacia las cosas espirituales o, incluso, el abandonar la fe por completo.

Hay diversos grados de apostasía:

Abandono: Una separación debida al rechazo consciente de la verdad de Dios revelada por medio de Su Palabra y Su Hijo.

Pecados de la carne: El “desviarse debido a la lujuria y la atracción” del pecado. Esto significa inmoralidad, ebriedad, homicidio, etc.

Pecados espirituales: (los más comunes entre los cristianos). En primer lugar, podríamos mencionar la indiferencia espiritual –la falta de responsabilidad ante Dios y la iglesia- que hace que seamos ineficientes en nuestra vida y nuestro testimonio, según se subrayan en la Escrituras. También se deben incluir en este punto varios pecados tales como la mentira, las trampas, las murmuraciones, la envidia, el egoísmo, los celos, etc. (Véase Gálatas 5:19-21)

Algunas cosas que conducen a la apostasía:

·         Decepción por las incongruencias observadas o imaginadas en otros cristianos.
·         Una relación indiferente con Cristo o un “seguimiento desde lejos, y el hacer caso omiso del lugar que ocupan en la vida cristiana la Palabra de Dios, la oración y el testimonio.
·         Ignorancia respecto a las verdaderas implicaciones de las responsabilidades y las prácticas espirituales.
·         Desobediencia a la voluntad revelada por Dios para la vida propia.
·         Pecado voluntario que permanece sin confesión. Debemos darnos cuenta de que todas las personas son responsable de sus propios actos ante el Señor. Esto implica arrepentimiento y confesión.

Estrategia de asesoramiento:

El consejero debe tratar de lograr el verdadero arrepentimiento, la confesión y la restauración del interlocutor, para que su vida pueda renovarse en el amor de Cristo, la Palabra de Dios y el servicio.

Para alcanzar esta meta, traten de determinar cómo perdió su interlocutor su comunión o su relación con el Señor. Si parece sentirse inseguro respecto a su entrega original a Cristo, repasen con esa persona las Cuatro leyes espirituales. Si está dispuesto a afrontar la verdad haga lo siguiente:

1.    Pídanle que le confiese al Señor todos los pecados de los que esté consciente, de conformidad con lo que se dice en 1 Juan 1:9.
2.    Condúzcanlo a la confesión, ya que de esta manera va a lograr la restauración. No hay ningún pecado que Dios no perdone por medio de Cristo.
3.    Anímenlo para que comience a leer y estudiar la Biblia, y a orar todos los días.
4.    Pídanle que asista a una Iglesia que enseñe ñas doctrinas de la Biblia para obtener compañerismo, instrucción y servicio cristiano.
5.    Indíquenle que deberá hacer una restitución, en caso necesario, o sea ajustar correctamente las cuentas con otros a los que haya perjudicado o de los que se haya aprovechado injustamente.
6.    Oren con esa persona, pidiendo la plena restauración y bendiciones para ella.
7.    Recomiéndele que aprenda de memoria el pasaje de Proverbios 3:5-6 y que aprenda a basarse en su verdad en el futuro.

Citas Bíblicas:

Arrepentimiento y confesión:

“Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad”. (1 Juan 1:9)

“El que encubre sus pecados no prosperará; mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia” (Proverbios 28:13)

“Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios”. (Salmo 51:17)

Tomado del libro: “Manual de Billy Graham para obreros cristianos”


©CAZADORES DE DIOS 2009. Derechos Reservados. Prohibida su reproducción total o parcial sin la autorización del autor

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Ansiedades, Preocupaciones y Tensiones


Ansiedades, preocupaciones y tensiones

El término de ansiedad cubre una gama muy amplia de problemas que se deben a temores infundados. Alguien dijo que los ansiosos y angustiados están tan preocupados por lo que pudiera suceder en el futuro que se olvidan de cómo afrontar el presente. Es característico de ellos que se preocupen por todas las cosas. Construyen montañas con simples montículos, al dejar que las cosas insignificantes adquieran una importancia enorme en sus vidas. Se sienten ansiosos respecto a deficiencias imaginarias, el futuro, su salud, sus familias y su trabajo. A menudo son incapaces de identificar las razones para sus ansiedades y temores.

Muchas personas ansiosas sufren dificultades físicas tales como nerviosismo, insomnio, dolores de cabeza, trastornos respiratorios, sudor excesivo, etc. La incapacidad para encontrar alivio para la ansiedad puede tener consecuencias más graves tales como una depresión nerviosa. Evidentemente, esas personas necesitan nuestra simpatía, nuestras oraciones y toda la ayuda que podamos darles.

Billy Graham comentó a este respecto: “El hombre se ha visto siempre asediado por las preocupaciones. Las presiones de la vida moderna han hecho que el problema se agrave… Muchos de ustedes están sufriendo miles de ansiedades. Confíenlas a Cristo con fe… Por mi parte, estoy aprendiendo en mi propia vida, día tras día, a mantener mis pensamientos centrados en Cristo; las preocupaciones, las ansiedades y las angustias del mundo pasan, y sólo queda una ‘perfecta paz’ en el corazón humano”.


Estrategia de asesoramiento:

1.    Ofrezcan aliento.

¡El Señor puede ayudar! “¿Por qué te abates, oh alma mía, y te turbas dentro de mí? Espera en Dios, porque aún he de alabarle, salvación mía y Dios mío”(Salmo 42:5) El temor de Dios es el o más que un simple paliativo único que vence todos los demás temores.

2.    Ayuden a su interlocutor a descubrir la razón de su ansiedad.
El consejero debe tratar de ofrecer algo más que un simple paliativo (un alivio del dolor sin cura) que puede producir un alivio temporal, sin abordar si quiera el verdadero problema. Hasta donde sea posible, traten de llegar a las “raíces del mal”.

Eviten los sondeos demasiado profundos. La limitación del tiempo de asesoramiento y la posibilidad de que sus ansiedades se basen en experiencias traumáticas del pasado, deberán limitar sus preguntas a sólo las que pueden ayudarles a abrir las puertas para presentar a Cristo como Salvador y sostenedor.

Pregúntenle:
¿Por qué teme por su trabajo, su futuro, su familia, etc.?
¿Por qué está tan nervioso? ¿Por qué tiene dolores de cabeza?
¿Por qué no puede dormir?
Describa sus sentimientos. ¿Se siente culpable? ¿Por qué? ¿Está tratando de huir de algo? ¿Cuál es verdaderamente su problema?

Si la ansiedad parece deberse a verdaderos sentimientos de culpa, esto puede indicar una conducta errónea que requiera corrección. Esto es útil porque el problema es el pecado. ¡Hay un remedio ¡El experimentar el perdón de Dios en Cristo puede eliminar la culpabilidad y los sentimientos de culpa, lo que contribuirá a la sanidad. Denle a esa persona las Cuatro leyes espirituales.

Eviten decirles las personas que si “piensan correctamente”, se “sentirán bien”. A veces, es preciso indicarles que “la vida correcta” produce “pensamientos sanos”. Dios sólo es la fuente de los pensamientos positivos. El afrontar el problema básico –el pecado- producirá finalmente la clase de conducta que agrada a Dios y generará cambios.

Es posible que la ansiedad respecto al futuro revele preocupación por la muerte y el juicio futuro. Además, esto proporciona una oportunidad para presentar a Cristo.

3.    Indíquenle a esa persona que es necesario estudiar la Biblia y orar todos los días.

No sólo debemos leer la Biblia, sino que también debemos asimilar sus enseñanzas de tal modo que comiencen a moldear nuestra vida y nuestro carácter. El aprender de memoria la Palabra de Dios es sumamente importante. El “tener los pensamientos de Dios” ocupará el lugar de las preocupaciones que nos llenan de ansiedad y angustia, los pensamientos sobre nosotros mismos y los problemas que nos asedian.

La oración acompaña al estudio de la Biblia. Según las Escrituras, no debemos estar ansiosos por nada, “sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias” (Filipenses 4:6)

4.    Comparta con esa persona algunas de las promesas de la Biblia.
Se puede confiar en que Dios cumplirá sus promesas.
5.    Aconsejen a su interlocutor que se identifique con una iglesia en la que se enseñen las doctrinas de la Biblia.
Los pensamientos cristianos y el hecho de servir con otros pueden ser buenos antídotos contra la introspección negativa y poco sana.

6.    Oren con su interlocutor, pidiendo soluciones verdaderas. 

“Busqué a Jehová y él me oyó, y me libró de todos mis temores”. (Salmo 34:4)

Si descubren problemas más profundos que se encuentren fuera de su competencia, recomiéndenle a su interlocutor que trate de obtener consejos de un psicólogo cristiano.

Citas Bíblicas:

“Busqué a Jehová y él me oyó, y me libró de todos mis temores”. (Salmo 34:4)

“Echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros”.(1 Pedro 5:7)

“Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús” (Filipenses 4:6-7)

“Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas. Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal”. (Mateo 6:33-34)

“¿Por qué te abates, oh alma mía, y te turbas dentro de mí? Espera en Dios, porque aún he de alabarle, salvación mía y Dios mío”. (Salmo 42:5)

Salmo 55:22
Proverbios 3:5-6
Filipenses 4:13
Filipenses 4:19
Romanos 8:28

Tomado del libro: “Manual de Billy Graham para obreros cristianos”


©CAZADORES DE DIOS 2009. Derechos Reservados. Prohibida su reproducción total o parcial sin la autorización del autor

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Amargura y Resentimiento



La amargura es el producto de una intensa animosidad, caracterizada por el cinismo y la mala voluntad. El resentimiento es un desagrado lleno de indignación y mala voluntad como resultado de algún daño, insulto o injuria, ya sea real, imaginario o no intencional. Esas cosas van juntas con frecuencia y son el resultado de la ira no resuelta.

Los consejeros profesionales revelan que un gran porcentaje de quienes resiben asesoramiento en la actualidad son seres amargados, airados y resentidos. los sentimientos corroen al individuo, hasta que algunas personas se transforman en incapacitados emocionales y enfermos físicos. Su capacidad para actuar se reduce, disminuyendo su eficiencia. Con frecuencia tienen dificultades para dormir y sus relaciones personales tanto en el seno de sus familias como fuera de ellas, sufren una especie de erosión. Algunos pueden obsesionarse tanto en el deseo de "ajustar cuentas"que pueden llegar a matar a alguien. El individuo que tiene ira no resuelta y profundamente enraizada no será una persona en su plenitud.

Un caso clásico del síndrome de "resentimiento y ajuste de cuentas" se encuentra en la historia de Caín y Abel (Génesis 4:1-16). Caín estaba furioso porque sus ofrendas se vieron rechazadas por Dios que aceptó las de su hermano. En realidad, no era una diferencia entre Caín y Abel, en absoluto, sino entre Dios y Caín. Fue Dios el que rechazó su ofrenda. Sin embargo, Caín se llenó de resentimiento y depresión ("Su rostro decayó"). En lugar de arrepentirse y buscar el perdón del Señor, descargó su ira sobre su hermano.

En muchas oportunidades habrá personas que nos hablarán de problema de esta naturaleza porque están tratando de obtener simpatía o reforzamiento. Les dirán que han sido malinterpretadas, incomprendidas y maltratadas, sin darse cuenta de las implicaciones pecaminosas de su propia conducta. A medida que se desenvuelva su
relato y en cuanto detecten resentimientos y amargura, trátenlos como pecados.

La Palabra de Dios dice: "Pero ahora dejad también vosotros todas estas cosas: ira, enojo, malicia, blasfemia, palabras deshonestas de vuestra boca".(Colosenses 3:8)

Estrategias de asesoramiento

1.    Mientras su interlocutor les revela su problema, permanezcan neutrales. Asegúrenle que la Palabra de Dios contiene la solución para sus problemas.
2.    Asegúrense de que están hablando con alguien que ha recibido verdaderamente a Cristo. De no ser así, dénle las Cuatro leyes espirituales para obtener la paz con Dios.
3.    Si su interlocutor no se ha dado cuenta todavía de que la amargura y el resentimiento son un problema grave para él o ella o si está consciente de ello y está buscando sinceramente una solución, asegúrense de que comprenda que se están enfrentando a un pecado en su vida. El pasar por alto este hecho hará que resulte imposible cualquier tipo de solución real.
4.    El arrepentimiento y la confesión darán como resultado el perdón y la restauración de la comunión con Dios. Compartan con esa persona sobre el tema de la "Restauración", haciendo hincapié en el pasaje de 1Juan 1:9. Oren juntos pidiéndole a su interlocutor que confiese su amargura y su resentimiento.
5.    Si realizan lo anterior, será apropiado tomar disposiciones para la reconciliación, sobre todo cuando haya habido acusaciones, recriminaciones, críticas y el rompimiento de alguna relación. La victoria se obtiene cuando se resuelven los asuntos tanto en el plano vertical como en el horizontal. El precio es "una conciencia libre de ofensas contra Dios y los hombres" (Hechos 24:16) No es necesario hacer que el asunto sea público; pero Jesús dijo: “Ve y reconcíliate primeramente con tu hermano” (Mateo 5:23). El apóstol Pablo recomendó: “Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres… Así que si tu enemigo tuviere hambre, dale de comer, si tuviere sed, dale de beber, pues haciendo esto, ascuas de fuego amontonarás sobre su cabeza. No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal” (Rom. 12: 18, 20-21) Si hay reconciliación, Dios estará complacido y ambas partes tendrán una curación espiritual. Por otra parte, si no sucede nada positivo, el interlocutor habrá hecho todo lo que exige Dios. Habrá sido obediente y, por ende, podrá seguir viviendo con su conciencia limpia.
6.    Aconséjenle a su interlocutor que ore para que el Señor lo llene con amor hacia la otra persona, tanto si se produce una reconciliación como si no es así. “El amor… no guarda rencor, no se goza de la injusticia” (1 Corintios 13:5-6)
7.    Si la amargura y el resentimiento son de larga duración y el interlocutor insiste tercamente en que su actitud es la correcta, denle la amonestación de Pablo:“Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia. Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo” (Ef. 4:31-32) Pídanle a esa persona que reflexione en estos versículos y que ore por sus enemigos a la luz de esta verdad.

Oren con su interlocutor.

Citas Bíblicas

“Quien cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente” (1 Pedro 2:23)

“Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas”
 (Mateo 6:14-15)

“Bendecid a los que os persiguen; bendecid, y no maldigáis. Gozaos con los que se gozan; llorad con los que lloran. Unánimes entre vosotros; no altivos, sino asociándoos con los humildes. No seáis sabios en vuestra propia opinión. No paguéis a nadie mal por mal; procurad lo bueno delante de todos los hombres. Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres. No es venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor” (Romanos 12:14-19)

“Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor. Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados” (Hebreos 12:14-15)


Tomado del libro: “Manual de Billy Graham para obreros cristianos”

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