viernes, 12 de junio de 2009

EL AMOR

Hasta que las Buenas Nuevas de Jesucristo aparecieron en la escena humana, la palabra amor se entendió primordialmente en función de buscar ventajes para uno mismo. El amar lo que era imposible creer resultaba incomprensible. Un Dios de amor que llamara al hombre pecador era un concepto imposible de entender.


Los escritores del Nuevo Testamento tuvieron que acuñar una palabra nueva, “ágape”, para expresar lo que Dios quiso revelar de Si mismo en Cristo y cómo deseaba que los cristianos se relacionaran los unos con los otros. “En esto hemos conocido el amor, en que él puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos” (1 Juan 3.16).


Este nuevo lazo de amor se reveló en el Calvario. A partir de entonces, los redimidos se volverían hacia Dios y unos hacia los otros, en una dimensión nunca antes comprendida ni experimentada. Ágape sería ahora el “camino más excelente” (1 Corintios 12.31). Inmediatamente, eso se convirtió en una característica de identificación de la iglesia primitiva. Jesús dijo: “Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros” (Juan 13.34) y “En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros” (Juan 13.35).


Sin embargo, conforme fueron transcurriendo los años, gran parte de la verdadera fuerza de ágape se desvaneció. La iglesia de hoy se enfrenta a la necesidad de redescubrir su significado. Ágape no es un simple sentimiento; el amor adormecido carece de poder. Es dinámico sólo cuando ama activamente a Dios, tal y como El nos amó a nosotros; sólo cuando surge sin restricciones de ninguna clase – amor hacia los hermanos, las hermanas, los vecinos y el mundo por el que murió Cristo (véase 1 Juan 4.10-12 y 2 Corintios 5.14):


En el nivel humano, al igual que en el divino, el amor dice: “Te respeto, te quiero y soy responsable de ti”.


Te respeto:

Te veo como eres, como un individuo singular – como todos somos únicos. Te acepto como eres y te permitiré que te desarrolles de conformidad con el propósito que tenga Dios para ti. No te explotaré para mi propio beneficio. Trataré de conocerte todo lo bien que pueda, porque sé que el aumento de la comunicación y el conocimiento harán que se realce mi respeto por ti.

Te quiero:

Lo que te suceda me interesa mucho. Me preocupa tu vida y tu crecimiento. Deseo fomentar tus intereses, incluso cuando para ello tenga que sacrificar los míos propios.

Soy responsable de ti:

Te responderé, no por algún sentimiento de deber que me obligue, sino voluntariamente. Tus necesidades espirituales me harán orar por ti. Te protegeré; pero cuidaré de no darte una protección excesiva. Te corregiré con amor; pero trataré de no reaccionar con excesiva fuerza. No me complaceré con tus flaquezas o debilidades y no guardaré recuerdo de ninguna de ellas. Por la gracia de Dios, seré paciente y no te fallaré (véase 1 Corintios 13).


Sólo entendemos el amor de Dios al responder a él en Cristo. El momento más importante en la vida de cualquier individuo es el de la decisión de aceptar ese amor no merecido ni ganado mediante el cual aprendemos a amar a Dios y a compartir ese amor con otros.


“…Dios es amor. En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros… (1 Juan 4.8-10).



Estrategias de asesoramiento


Para el no cristiano:


Si el interlocutor no ha experimentado nunca el amor perdonador de Dios, explíquenle el Plan de Salvación, haciendo hincapié en Juan 3.16.

Para el cristiano:

1. Si su interlocutor es un cristiano que expresa el deseo de amar más a Dios, denle ánimos. Ese es también el objetivo más elevado que tiene Dios para todos nosotros. “Jesús le dijo: Amará al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente” (Mateo 22.37).


A. Debemos amarle, porque El nos amó primero (1 Juan 4.10).


B. Debemos amarle, “Porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado”. (Romanos 5.5). “Más es fruto del Espíritu es amor” (Gálatas 5.22).


C. Debemos amarle por medio de la obediencia. “Respondió Jesús y le dijo: El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él. El que no me ama, no guarda mis palabras; y la palabra que habéis oído no es mía, sino del Padre que me envió” (Juan 14.23-24).


D. Demostramos nuestro amor por medio de nuestra devoción al Señor. “El hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado, y tu ley está en medio de mi corazón” (Salmo 40.8).


1. Lo buscamos por medio de Su palabra: “Sino que en la ley de Jehová está su delicia, y en su ley medita de día y de noche” (Salmo 1.2).


2. Lo buscamos por medio de la oración: “Entonces me invocaréis, y vendréis y oraréis a mí, y yo os oiré; y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscareis de todo vuestro corazón. Y seré hallado por vosotros, dice Jehová…” (Jeremías 29.12-14).


3. Tratamos de servirle: “Creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano”. (1 Corintios 15.58). “Porque Dios no es injusto para olvidar vuestra obra y el trabajo de amor que habéis mostrado hacía su nombre, habiendo servido a los santos y sirviéndoles aún” (Hebreos 6.10).


El amor ágape es la mejor motivación para participar activamente en el evangelismo y las misiones. Compartimos el amor del Señor con un mundo perdido.


2. Si el interlocutor es cristiano y tiene dificultades para amar a alguno de sus hermanos en el Señor, señálenle que sólo comenzamos a entender el amor de Dios cuando nos ofrecemos amor unos a otros.


A. El amar a nuestros hermanos en Cristo es un mandato del Señor. “Amaos los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros” (Romanos 12.10).


B. Dios ha hecho posible para nosotros el demostrar amor sin tomar en consideración al objeto. “…Porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado” (Romanos 5.5). Compartan con su interlocutor los puntos de los Antecedentes sobre las dimensiones del amor ágape: respeto, afecto y responsabilidad.


Billy Graham dijo: “El fruto del Espíritu es amor. No puedo amar por mí mismo, ni tener gozo, paz, tolerancia, bondad, afabilidad, fe mansedumbre y templanza por mis propios medios. No hay nadie que tenga capacidad para amar verdaderamente…hasta que acude realmente a Cristo. En tanto el Espíritu Santo no tiene control sobre nuestra vida, no tenemos poder para amar”.


C. Señalen que el amor no se demuestra automáticamente; se trata de una conducta aprendida y practicada. Cuanto más amamos y con mayor profundidad, tanto más se perfecciona el amor en nosotros.


1. El orar por otros estimula un amor más profundo hacia ellos.


2. Los actos de bondad, servicio y sacrificio le dan al amor su dimensión dinámica. “Amaos los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros” (Romanos 12.10). “El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, más se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca deja de ser” (1 Corintios 13.4-8).



Citas Bíblicas


“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna”. (Juan 3.16).


“Pero Dios que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos)” (Efesios 2.4-5).


“Mirad cual amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a él”. (1 Juan 3.1).


“Nadie ha visto jamás a Dios. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros, y su amor se ha perfeccionado en nosotros”. (1 Juan 4.12).


“El amor sea sin fingimiento. Aborreced lo malo, seguid lo bueno. Amaos los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros” (Romanos 12.9-10).


“Nadie tiene mayor amor que éste, que uno ponga su vida por sus amigos” (Juan 15.13).


Mateo 22.37.


Tomado del libro: “Manual de Billy Graham para obreros cristianos”

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