miércoles, 3 de junio de 2009

EL ADULTERIO

La Palabra de Dios establece claramente que el matrimonio es un compromiso para toda la vida con el individuo escogido para ser nuestro conyugue.

Este compromiso significa que “rechazamos a todos los demás”: “Por esto el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne” (Mateo 19:5).

Sin embargo, la infidelidad sexual, por parte tanto de los maridos como de las esposas, ha llegado a ser epidémica, según las encuestas y los informes sobre prácticas sexuales. El adulterio está prohibido y condenado por Dios en Su Palabra, que indica con toda claridad que la ira de Dios se descargará sobre todos los que practiquen este pecado: “Honroso sea en todos el matrimonio, y el lecho sin mancilla; pero a los fornicarios v a los adúlteros los juzgará Dios” (Hebreos 13:4).

“¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros heredarán el reino de Dios” (1 Corintios 6:9-10). “Huid de la fornicación. Cualquier otro pecado que el hombre cometa, está fuera del cuerpo; mas el que fornica, contra su propio cuerpo peca” (1 Corintios 6.18).

Tomemos en consideración algunas de las consecuencias del adulterio:

• Emocionales: sentimientos de culpa, temor, ansiedad, pérdida de estimación propia, personalidad destruida, depresión, etc.

• Físicas: Embarazos y nacimientos ilegítimos, enfermedades venéreas y abortos.

• Espirituales: Pérdidas en esta vida y en la del más allá.

El Doctor Graham escribió: “¡Cuántos hogares se encuentran destrozados por hombres y mujeres infieles! Qué tremendo pecado se comete diariamente en este punto! Dios no los considerará libres de culpa! Hay un día de ajuste de cuentas. “Sabed que vuestro pecado os alcanzará” (Números 32:23). Les alcanzaran en sus propias vidas familiares en la tierra y en sus relaciones con sus cónyuges; y también les alcanzará en la vida por venir”.

• Nuestros propios deseos egoístas y pecaminosos: “Sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido” (Santiago 1:14).

• Falta de madurez: El 50% de los matrimonios entre adolescentes se desbaratan en los primeros cinco años; sin embargo, la edad no es el único criterio importante. El egoísmo inmaduro, a cualquier edad, puede conducir a la infidelidad conyugal. Otro signo de inmadurez es la falta de disposición para aceptar la responsabilidad por una familia.

• Cónyuges exigentes, criticones, regañones y punzantes.

• Falta de satisfacción sexual por parte de uno de los cónyuges.

• Transferencia hacia el esposo o la esposa de la hostilidad que se siente contra el padre o la madre.

• Parientes políticos entrometidos que abruman a los cónyuges con criticas y consejos bien intencionados.

• Falta de una educación sexual adecuada.

No se pueden esperar soluciones fáciles al afrontar el problema del adulterio. Sin embargo, Dios puede hacer el milagro del nuevo nacimiento para los no cristianos y el de la renovación espiritual de sus hijos e hijas que se han enfriado. Si el asesor logra obtener una entrega a Cristo, podrá confiar en que este hecho aportará una nueva perspectiva, facilitando La corrección de las vidas y la aplicación de soluciones permanentes.

Estrategia de asesoramiento

Para el cónyuge que participa en el adulterio

1. Trate de presentarse como una persona preocupada y llena de interés, sin ser dominante. Demuestre su gozo a poder compartir su cristianismo y su esperanza de poder llegar a alguna solución.

2. No exprese juicios ni asuma una actitud de “mayor santidad”. No comience a utilizar citas bíblicas condenatorias que, de todos modos, surgirán normalmente cuando dé el testimonio de Cristo, en el momento apropiado.

3. Anime a esa persona a hablar de su situación, con el fin de que pueda obtener un cuadro completo de sus circunstancias. Al mismo tiempo, no asedie a esa persona, tratando de obtener demasiados detalles.

4. Cuando considere que ha obtenido la suficiente información, indíquele a esa persona que, a continuación, va a tratar de encontrar y desarrollar soluciones. Sin embargo, pasará a esas soluciones al cabo de unos cuantos minutos. Mientras tanto, convendrá que le pregunte a esa persona si ha recibido alguna vez a Jesucristo como su Señor y Salvador personal.

5. Después de orar con esa persona, pregúntele qué soluciones sugiere para el problema del adulterio.

6. A continuación, acuda a las Escrituras. Señale que Dios no solo nos exige que confesemos el adulterio como pecado, sino también que lo desechemos de nuestras vidas. “El que encubre sus pecados no prosperará; mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia” (Proverbios 28:13).

7. Recomiéndele a esa persona que busque en su mente las razones probables para su infidelidad y que se las dé a conocer. Quizá convenga que mencione algunas de las “Razones para el adulterio” de los antecedentes, con el fin de estimular los pensamientos de su interlocutor.

Sugiérale que comparta esas razones con su cónyuge. Un esfuerzo sincero para establecer una comunicación es el único modo en que se podrán sacar todas las cosas a la luz, llegando a una situación que permita encontrar soluciones. Para comenzar, el cónyuge infiel debe dar pruebas de arrepentimiento y pedir perdón.

8. Aconséjele que comience a leer la Palabra de Dios con su cónyuge. Esto les proporcionará a los dos, información respecto a sus responsabilidades y les dará fortaleza para resistir las tentaciones y el pecado. Asimismo, anímelos para que oren juntos.

9. Luego, recuérdenles que traten de identificarse con una iglesia en la que se enseñe La Biblia. Esto les dará fortaleza, debido al compañerismo, La adoración y el estudio de la Biblia. Su meta deberá serla de convertirse en cristianos consagrados. El principal factor que contribuye a la existencia de este problema es La falta de una relación vital con Cristo.

Para el cónyuge del adúltero

Estas personas se sienten con frecuencia traicionadas, rechazadas y heridas. Aun cuando es posible que solo uno de los cónyuges cometa adulterio, es frecuente que los dos cónyuges contribuyan a ello.

1. Anime a esa persona a que se pregunte:

A ¿Cómo he contribuido a la infidelidad?

¿Expreso demasiadas críticas?

¿Le doy todo el apoyo necesario?

B. ¿Qué circunstancias de nuestro matrimonio pueden haber contribuido a que surgiera ese problema?

C. ¿Qué puedo hacer para proporcionar una solución que salve nuestro matrimonio?

2. Ayude a su interlocutor a determinar el mejor modo de actuar.

A. perdón. Nunca se podrá resolver esta situación a menos que haya disposición para perdonar. Esto puede resultar muy difícil; pero es posible encontrar algún modo. Los participantes en el problema deben pedirle a Dios Su gracia y Su sabiduría para afrontar su situación correctamente. El amor y La preocupación del consejero se pondrán claramente de manifiesto en este punto. El conjugue culpable debe tratar de obtener el perdón de Dios y también el de su esposo o esposa.

B. comunicación. La pareja deberá esforzarse todo lo que sea necesario para establecer una comunicación entre los dos esposos, con el fin de analizar libremente todas Las facetas del problema. La falta de comunicación puede haber sido uno de los factores que contribuyeron a ese pecado. Es preciso corregir esa situación cuanto antes.

C. oración. Los esposos deben orar juntos y confiar en que Dios resolverá las cosas, con el fin de salvar y fortalecer el matrimonio.

D. Asesoramiento. Deben estar dispuestos a tomar en consideración la posibilidad de recibir un asesoramiento profesional serio con un pastor competente, un psicólogo o un psiquiatra cristiano. Puede necesitarse mucho tiempo para que se resuelva la situación.

Citas bíblicas

“Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9).

(Jesús le habla a La mujer acusada de adulterio).
“Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno; vete y no peques más” (Juan 8:11).

“Honroso sea en todos el matrimonio y el lecho sin mancilla; pero a los fornicarios y a los adúlteros los juzgará Dios” (Hebreos 13:4).

“El marido cumpla con La mujer el deber conyugal, y asimismo La mujer con el marido. La mujer no tiene potestad sobre su propio cuerpo, sino el marido; ni tampoco tiene el marido potestad sobre su propio cuerpo, sino La mujer” (1 Corintios 7:3-4).

“Lavaos y limpiaos; quitad la iniquidad de vuestras obras de delante de mis ojos; dejad de hacer lo malo; aprended a hacer el bien; buscad el juicio, restituid al agraviado, haced justicia al huérfano, amparad a La viuda. Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como La grana, como la nieve serán emblanquecidos; Si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana” (Islas 1:16-18).

1 Corintios 6:15-20.

Tomado del libro: “Manual de Billy Graham para Obreros Cristianos”

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