sábado, 6 de junio de 2009

AFLICCION Y LUTO


La aflicción es un sufrimiento emocional intenso que se debe a una pérdida personal. Hay dolor agudo, tristeza profunda, sufrimiento, malestar y angustia. El luto es un estado triste y solitario por una pérdida importante como, por ejemplo, la de un ser querido.

Se trata de una época difícil. El afligido considerará con frecuencia que su experiencia es única, que nadie antes ha tenido que soportar una pérdida semejante ni ha sufrido como él. Hay ciclos de alivio en el patrón de la aflicción que permiten que la persona entristecida se recupere al cabo de cierto tiempo. Sin embargo, algunos individuos se entregan a la aflicción durante períodos prolongados. En ciertos aspectos, nadie se libera completamente de los sentimientos de pérdida.

El ciclo de alivio que se mencionó antes suele desarrollarse como sigue:

1. El choque inicial de la muerte. el golpe emocional intenso que, algunas veces, deja ciertas personas como paralizadas.

2. La descarga emocional: un período de llanto.

3. La soledad y la depresión: el sentimiento de pérdida se relaciona a menudo con la dependencia que se tenia de la persona fallecida. Hay muchos síntomas de depresión.

4. Sentimientos de culpa: "Hubiera podido hacer algo más", o bien, "Debí hacer algo diferente", etc.

5. Ira y hostilidad: "¿Por qué me hizo Dios esto a mí?"

6. Una etapa de inercia: indiferencia, "No puedo seguir así". "No me importa nada".

7. Un regreso gradual a la esperanza: "La vida sigue su curso". "Podré salir adelante". "Dios me ayudará a soportarlo".

8. El regreso a la realidad y la normalidad: aceptación de la pérdida y ajuste a ella.

Sin embargo, debemos recordar que la aflicción no es previsible ni se puede catalogar. Algunas veces, las etapas de la aflicción parecen fusionarse y superponerse. El afligido puede sentir alivio en cierta fase de su "sufrimiento", tan sólo para que su dolor vuelva al poco tiempo.

El asesoramiento a las personas afligidas exige sinceridad, una sensibilidad y una ternura especial, simpatía y empatía. Debemos confiar en la guía del Espíritu Santo. Las respuestas convenientes, elaboradas o hechas suenan falsas. Nuestras palabras deben ser sinceras y significativas, "ajustadas a la situación", porque el verdadero consuelo para el afligido depende de en qué punto de su proceso aflictivo se encuentre.

No pretendan tener una respuesta para todas las cosas. Admitan que no comprenden por qué o cómo hace Dios lo que hace.

No sean del tipo de quienes tratan de llenar a los afligidos de ánimo y de buena voluntad.

No ofrezcan frases hechas o trilladas sobre la muerte y el sufrimiento.

No sugieran que si el afligido fuera más espiritual o estuviera cerca de Dios, el dolor sería menor.

Recuerden que una sesión breve no satisfará todas las necesidades de su interlocutor. No obstante, es preciso hacer todo lo posible para darles a esas personas el mensaje de las Escrituras y presentarles a Cristo. Confiaremos en que Dios hará su obra.

Estrategia de asesoramiento

1. Indíquele a su interlocutor que les interesa y quieren ayudarle. Anímenle para que les hable de su pérdida y sus sentimientos al respecto. Sepan escuchar con paciencia. Es una gran ayuda la de poder descargar los sentimientos cuando se está afligido.

2. Díganle que es sano tener dolor y aflicción. Se trata de una experiencia humana universal por la que debemos pasar todos. Alguien dijo que la aflicción es "un don de Dios". Puede que sea Su modo de ayudarnos a reaccionar ante el choque tremendo de la muerte y sus consecuencias emocionales. Jesús lloró ante la tumba de Lázaro. (Juan 11:35)

3. Señálenle que es bueno expresar los sentimientos de culpa, ira, confusión o desesperación. Esos sentimientos no debe reprimirlos el interlocutor ni rechazarlos el consejero. Anímele para que les hable sobre cómo se siente.

4. Díganle que las cosas que está experimentando son con frecuencia normales en el proceso de la aflicción y que la aceptación y el remedio llegarán, aunque es posible que tarden en hacerlo. Dios quiere llevar nuestras aflicciones y pérdidas y darnos consuelo, esperanza y aliento. La vida puede parecer que no tiene valor en estos momentos, pero recuerden que Cristo es permanente, la roca sólida, la piedra angular sobre la que se puede reconstruir la vida.

5. Pregúntenle si ha recibido alguna vez a Jesucristo como su Señor y Salvador personal. Si es apropiado, explíquenle las leyes espirituales y cómo obtener la paz con Dios.

6. Díganle que, para el cristiano, la muerte no es el final de la vida. Por medio de Su muerte y Su resurrección, Cristo venció al pecado y la muerte, de modo que el creer en El significa, ahora, "que nunca moriremos" (Juan 1"1:25-26) tenemos vida eterna (Juan 3:16) poseemos un lugar asegurado en el cielo (Juan 14:1-6) tomaremos parte en la resurrección de los muertos (1Cor. 15:51-52) Asimismo, "porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en Él" (1 Tesalonicenses 4:14) Así pues, un día habrá una reunión gloriosa entre nosotros y los dormidos en el Señor a los que queremos.

Animen a su interlocutor para que lea y estudie la Biblia. Es una fuente magnífica de consuelo y fortaleza.

7. Indíquenle que Dios considera nuestra vida terrenal como una preparación para el gozo mayor del cielo (Marcos 8:36) Así, permite que haya en nuestra vida pruebas, sufrimientos y la muerte de nuestros seres queridos, para que entendamos mejor nuestra necesidad de confiar en El. "Pero tuvimos nosotros mismos sentencia de muerte, para que no confiásemos en nosotros mismos, sino en Dios que resucita a los muertos" (2 Cor. 1:9)

8. Si su interlocutor expresa sentimientos de culpa por algún aspecto de la muerte de su ser querido (esto es muy común en los casos de suicidio) aconséjele que no se "autosugestione” en estos momentos. No debe sentirse culpable por nada que hubiera debido o no hacer. Eso pertenece al pasado y debe dejarle al Señor todos sus pesares. Si tiene algo que confesarle a Dios, que lo haga; pero que acepte también la realidad del perdón del Señor a la luz de 1 Juan 1:9.

9. Si esa persona parece estar abrumada por sus sentimientos de pérdida, soledad o lo que le depare el futuro, etc., aconséjele que confíe en sus familiares y amigos y que trate de obtener de ellos aliento y respaldo emocional. La iglesia puede contribuir mucho a llenar los huecos que hayan quedado. El pastor y/o líder debe ser capaz de ofrecer una gran cantidad de respaldo emocional. Si su interlocutor no asiste aún a la iglesia, deberá comenzar a hacerlo. El aprender a a aceptar la voluntad de Dios para lo que haya sucedido, el tener el corazón lleno de agradecimiento por los años de amor compartido mientras el ser querido estuvo vivo y por las promesas para el futuro, y el esforzarse en ayudar a otros que sufren, con amor cristiano, constituyen una magnifica terapia y servirán como factores importante para aprender a volver a vivir plenamente.

10. Oren con su interlocutor para que pueda tener en su vida comprensión, consuelo y bendiciones.

La muerte de un hijo

La muerte de un hijo (hija) resulta especialmente dura para los padres y los miembros de la familia que sobrevivan. La muerte después de una vida breve produce con frecuencia sentimientos de culpa, melancolía y una gran cantidad de preguntas. Además de la estrategia de asesoramiento, ofrecemos lo que sigue, para estos casos:

1. Aunque no sabemos por qué murió el niño, sabemos que los niños son especialmente preciosos para Dios. Jesús dijo: "Porque de tales es el reino de Dios" (Mt 19:14) Esto quiere decir que los niños que mueren van inmediatamente a Su presencia.

2. Cuando la muerte arrebató un hijo al Rey David, dijo: "¿Podré yo hacerle volver? Yo voy a él, mas el no volverá a mí" (2 Samuel 12:23) Así, si creemos que Jesús murió y resucitó, confiando en Él como nuestro Seños y salvador, tenemos la bendita promesa de volver a ver a nuestros seres queridos.

Citas Bíblicas

"Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llandto, ni clamor, ni dolor, porque las primeras cosas pasaron" (Ap. 21:4)

"Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia. Porque de ambas cosas estoy puesto en estrecho, teniendo deseo de partir y estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor". (Fil. 1:21,23)

"No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis". (Juan 14:1-3)

"Bendito el Dios y padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una espranza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos, para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros, que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero". (1 Pe. 1:3-5)

"Porque sabemos que si nuestra morada terrestre, este tabernáculo, se deshiciere, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha de manos, eterna en los cielos". (2 Cor. 5:1)

Salmo 23:4-6

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