martes, 10 de noviembre de 2009

COMO CONOCER A DIOS




Paso 1
 
El Propósito de Dios: Paz y Vida

Dios le ama y desea que usted tenga paz y vida eterna.

La Biblia dice...

"... tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo." Romanos 5:1


"Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna." Juan 3:16

Siendo que el propósito de Dios es que tengamos paz y una vida plena, aquí y ahora, ¿por qué es que muchas personas no la tienen?


Paso 2

Nuestro Problema: Separación

Dios nos creó para que seamos como El, y para que disfrutemos de la vida. El no nos obliga a que le amemos o le obedezcamos, sino que nos ha dado voluntad y libertad para escoger.

La Biblia dice...

"...Todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios." Romanos 3:23


"La paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro." Romanos 6:23

A través de las edades los seres humanos han tratado en muchas maneras de cruzar esta brecha... sin resultado...


Paso 3

La Respuesta de Dios: Jesucristo

Jesucristo es la única respuesta a este problema. El murió en la cruz y resucitó de la tumba, llevó el castigo de nuestro pecado, y estableció el puente sobre la brecha que separa a Dios y al ser humano.

La Biblia dice...

"Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres Jesucristo hombre." 1 Timoteo 2:5


"Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros." Romanos 5:8

Paso 4

Nuestra respuesta: Recibir a Cristo

Debemos confiar en Jesucristo y recibirle por medio de una entrega e invitación personal.

La Biblia dice (Cristo es quien habla) ...

"He aquí yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo." Apocalipsis 3:20


"Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios." Juan 1:12

¿En dónde está usted?

Empezando con Cristo

 
¿Hay alguna razón por la cual usted no quisiera invitar a Jesucristo a venir a su vida ahora mismo?


Cómo empezar su vida con Cristo:

1. Admita su condición (Yo soy un pecador).
2. Decida alejarse de sus pecados (arrepiéntase).
3. Crea que Jesucristo murió en la cruz por usted, y que resucitó de la tumba.
4. Por medio de una oración invite a Jesucristo a entrar en su vida y a tomar el control de ella por medio del Espíritu Santo. (Recíbale como Señor y Salvador.)


Confesar a Cristo

La Biblia dice...

"Si confesares con tu boca que Jesús es el Señor y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo." Romanos 10:9



Un modelo de cómo orar
(Haga suya esta oración):


Querido Señor Jesús:
 

Sé que soy un pecador y que necesito tu perdón. Creo que tú moriste por mis pecados. Quiero alejarme de mis pecados. Ahora mismo te invito a que vengas a mi vida. Quiero confiar en ti y seguirte como Señor y Salvador. En el nombre de Jesús, Amén


La Seguridad que Dios da: Su Palabra

Si usted elevó esta oración,

La Biblia dice...

"Todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo." Romanos 10:13

"Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe." Efesios 2:8, 9 




¿Le pidió usted sinceramente a Jesucristo que entrara en su vida? ¿Dónde se halla El ahora mismo? ¿Qué es lo que El le ha dado?

La Biblia dice...

"El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida. Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna." 1 Juan 5:12, 13

Andando con Dios

 
Este es el principio de una maravillosa nueva vida en Cristo. Para profundizar su andar con Cristo:


1. Lea su Biblia cada día, para conocer mejor a Cristo.
2. Converse con Dios cada día por medio de la oración.
3. Permita que el Espíritu Santo le controle.
4. Hable de Cristo a otros.
5. Demuestre su nueva vida por medio de su amor e interés por otros.
6. Busque uno o dos otros creyentes con los cuales usted pueda orar y hablar regularmente sobre sus éxitos y sus fracasos.
7. Adore a Dios y sirva junto con otros creyentes en una iglesia en donde se predique a Cristo.


Dios le bendiga al hacerlo.
Tomado de Asociación Evangelística Billy Graham



©CAZADORES DE DIOS 2009. Derechos Reservados.
Prohibida su reproducción total o parcial sin la autorización del autor

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viernes, 12 de junio de 2009

EL AMOR

Hasta que las Buenas Nuevas de Jesucristo aparecieron en la escena humana, la palabra amor se entendió primordialmente en función de buscar ventajes para uno mismo. El amar lo que era imposible creer resultaba incomprensible. Un Dios de amor que llamara al hombre pecador era un concepto imposible de entender.


Los escritores del Nuevo Testamento tuvieron que acuñar una palabra nueva, “ágape”, para expresar lo que Dios quiso revelar de Si mismo en Cristo y cómo deseaba que los cristianos se relacionaran los unos con los otros. “En esto hemos conocido el amor, en que él puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos” (1 Juan 3.16).


Este nuevo lazo de amor se reveló en el Calvario. A partir de entonces, los redimidos se volverían hacia Dios y unos hacia los otros, en una dimensión nunca antes comprendida ni experimentada. Ágape sería ahora el “camino más excelente” (1 Corintios 12.31). Inmediatamente, eso se convirtió en una característica de identificación de la iglesia primitiva. Jesús dijo: “Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros” (Juan 13.34) y “En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros” (Juan 13.35).


Sin embargo, conforme fueron transcurriendo los años, gran parte de la verdadera fuerza de ágape se desvaneció. La iglesia de hoy se enfrenta a la necesidad de redescubrir su significado. Ágape no es un simple sentimiento; el amor adormecido carece de poder. Es dinámico sólo cuando ama activamente a Dios, tal y como El nos amó a nosotros; sólo cuando surge sin restricciones de ninguna clase – amor hacia los hermanos, las hermanas, los vecinos y el mundo por el que murió Cristo (véase 1 Juan 4.10-12 y 2 Corintios 5.14):


En el nivel humano, al igual que en el divino, el amor dice: “Te respeto, te quiero y soy responsable de ti”.


Te respeto:

Te veo como eres, como un individuo singular – como todos somos únicos. Te acepto como eres y te permitiré que te desarrolles de conformidad con el propósito que tenga Dios para ti. No te explotaré para mi propio beneficio. Trataré de conocerte todo lo bien que pueda, porque sé que el aumento de la comunicación y el conocimiento harán que se realce mi respeto por ti.

Te quiero:

Lo que te suceda me interesa mucho. Me preocupa tu vida y tu crecimiento. Deseo fomentar tus intereses, incluso cuando para ello tenga que sacrificar los míos propios.

Soy responsable de ti:

Te responderé, no por algún sentimiento de deber que me obligue, sino voluntariamente. Tus necesidades espirituales me harán orar por ti. Te protegeré; pero cuidaré de no darte una protección excesiva. Te corregiré con amor; pero trataré de no reaccionar con excesiva fuerza. No me complaceré con tus flaquezas o debilidades y no guardaré recuerdo de ninguna de ellas. Por la gracia de Dios, seré paciente y no te fallaré (véase 1 Corintios 13).


Sólo entendemos el amor de Dios al responder a él en Cristo. El momento más importante en la vida de cualquier individuo es el de la decisión de aceptar ese amor no merecido ni ganado mediante el cual aprendemos a amar a Dios y a compartir ese amor con otros.


“…Dios es amor. En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros… (1 Juan 4.8-10).



Estrategias de asesoramiento


Para el no cristiano:


Si el interlocutor no ha experimentado nunca el amor perdonador de Dios, explíquenle el Plan de Salvación, haciendo hincapié en Juan 3.16.

Para el cristiano:

1. Si su interlocutor es un cristiano que expresa el deseo de amar más a Dios, denle ánimos. Ese es también el objetivo más elevado que tiene Dios para todos nosotros. “Jesús le dijo: Amará al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente” (Mateo 22.37).


A. Debemos amarle, porque El nos amó primero (1 Juan 4.10).


B. Debemos amarle, “Porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado”. (Romanos 5.5). “Más es fruto del Espíritu es amor” (Gálatas 5.22).


C. Debemos amarle por medio de la obediencia. “Respondió Jesús y le dijo: El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él. El que no me ama, no guarda mis palabras; y la palabra que habéis oído no es mía, sino del Padre que me envió” (Juan 14.23-24).


D. Demostramos nuestro amor por medio de nuestra devoción al Señor. “El hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado, y tu ley está en medio de mi corazón” (Salmo 40.8).


1. Lo buscamos por medio de Su palabra: “Sino que en la ley de Jehová está su delicia, y en su ley medita de día y de noche” (Salmo 1.2).


2. Lo buscamos por medio de la oración: “Entonces me invocaréis, y vendréis y oraréis a mí, y yo os oiré; y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscareis de todo vuestro corazón. Y seré hallado por vosotros, dice Jehová…” (Jeremías 29.12-14).


3. Tratamos de servirle: “Creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano”. (1 Corintios 15.58). “Porque Dios no es injusto para olvidar vuestra obra y el trabajo de amor que habéis mostrado hacía su nombre, habiendo servido a los santos y sirviéndoles aún” (Hebreos 6.10).


El amor ágape es la mejor motivación para participar activamente en el evangelismo y las misiones. Compartimos el amor del Señor con un mundo perdido.


2. Si el interlocutor es cristiano y tiene dificultades para amar a alguno de sus hermanos en el Señor, señálenle que sólo comenzamos a entender el amor de Dios cuando nos ofrecemos amor unos a otros.


A. El amar a nuestros hermanos en Cristo es un mandato del Señor. “Amaos los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros” (Romanos 12.10).


B. Dios ha hecho posible para nosotros el demostrar amor sin tomar en consideración al objeto. “…Porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado” (Romanos 5.5). Compartan con su interlocutor los puntos de los Antecedentes sobre las dimensiones del amor ágape: respeto, afecto y responsabilidad.


Billy Graham dijo: “El fruto del Espíritu es amor. No puedo amar por mí mismo, ni tener gozo, paz, tolerancia, bondad, afabilidad, fe mansedumbre y templanza por mis propios medios. No hay nadie que tenga capacidad para amar verdaderamente…hasta que acude realmente a Cristo. En tanto el Espíritu Santo no tiene control sobre nuestra vida, no tenemos poder para amar”.


C. Señalen que el amor no se demuestra automáticamente; se trata de una conducta aprendida y practicada. Cuanto más amamos y con mayor profundidad, tanto más se perfecciona el amor en nosotros.


1. El orar por otros estimula un amor más profundo hacia ellos.


2. Los actos de bondad, servicio y sacrificio le dan al amor su dimensión dinámica. “Amaos los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros” (Romanos 12.10). “El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, más se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca deja de ser” (1 Corintios 13.4-8).



Citas Bíblicas


“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna”. (Juan 3.16).


“Pero Dios que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos)” (Efesios 2.4-5).


“Mirad cual amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a él”. (1 Juan 3.1).


“Nadie ha visto jamás a Dios. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros, y su amor se ha perfeccionado en nosotros”. (1 Juan 4.12).


“El amor sea sin fingimiento. Aborreced lo malo, seguid lo bueno. Amaos los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros” (Romanos 12.9-10).


“Nadie tiene mayor amor que éste, que uno ponga su vida por sus amigos” (Juan 15.13).


Mateo 22.37.


Tomado del libro: “Manual de Billy Graham para obreros cristianos”

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lunes, 8 de junio de 2009

EL ALCOHOLISMO

Con frecuencia, el uso habitual del alcohol puede formar hábito. Se intensifican las deficiencias, las fallas y las dificultades del bebedor y, a menudo, se producen cambios de la personalidad. Aunque se sienta lleno de confianza bajo la influencia del alcohol, frecuentemente presenta una personalidad inmadura, insegura, deprimida y llena de sentimientos de culpa. No se siente satisfecho consigo mismo. No se puede permitir afrontar sinceramente su mal hábito y los problemas que lleva aparejados, por lo que niega su problema. Es deshonesto al tratar de encubrir su alcoholismo y culpará de ello a los miembros de su familia, sus jefes, sus padres o “las malas pasadas” que le ha jugado la vida. Las desviaciones y las excusas conducen a una mascarada que, algunas veces, adopta aspectos casi cómicos; aunque en realidad son trágicos.


Los alcohólicos necesitan ayuda desesperadamente. La organización de Alcohólicos Anónimos sostiene que en tanto los alcohólicos no tocan el fondo, aceptando que sus vidas se encuentran fuera de control, hay pocas esperanzas de que se produzca un cambio. El admitir la existencia del problema es la primera etapa en el camino hacia la recuperación. ¡Hay esperanza! Dios tiene poder para liberar a los hombres del vicio del alcohol.


Billy Graham escribió: “La Biblia enseña que hay una liberación para los hombres de las cosas del mundo…no por medio de productos químicos, sino de Cristo, haciendo que la mente y el corazón se armonicen con Dios mediante el sometimiento a Su voluntad y la aceptación de su perdón. Solo en Cristo hay una liberación de los pensamientos tortuosos del hombre y de los hábitos sórdidos que están destruyendo a tantas personas. ¿Por qué denuncia tan claramente la Biblia las borracheras? Porque el alcohol es un enemigo de la vida humana. Y Dios está en contra todo lo que perjudica al hombre y su bienestar”.


Estrategia de asesoramiento


1. Si el interlocutor está ebrio o “alegre”, cualquier consejo que se le trate de dar será una pérdida de tiempo – una conversación con el alcohol y no con la persona – e incluso puede resultar contraproducente para el individuo. Organice una reunión (o pídale que vuelva a telefonear al día siguiente) cuando esté sobrio. Si parece estar fuera de control, recomiéndele que vaya a un centro de desintoxicación (si está telefoneando, pídale que pase el teléfono a otra persona y, luego, pídale a quien responda que lleve a esa persona a un centro de desintoxicación).


2. Puesto que los alcohólicos suelen ser deshonestos y engañadores, el consejero debe dar muestras de un “amor firme” al tener tratos con ellos. Pregúntenle si desea ayuda verdaderamente. ¿O se comunicó simplemente para “tratar de conmoverme “(para dar excusas, echar la culpa de todo a otras personas y cosas, ocultando su verdadera personalidad y su problema)?


Al adoptar una postura firme, eviten emitir juicios y censurar su conducta con la ayuda de textos bíblicos (esos versículos se presentarán en forma natural cuando le hablen del evangelio). Asegúrenle que se ha puesto en contacto con la persona apropiada, porque les interesa y se sienten contentos de poder hablar con él o ella (excepto si se encuentran en estado de ebriedad).


3. Hagan hincapié en que es preciso que acepte que tiene un problema que no puede resolver por sí solo. El alcohol es mucho mayor que él y no puede derrotarlo por sus propios medios.

¿Está dispuesto a comprometerse a dejar la bebida para siempre? ¡Nada distinto a eso servirá para nada! Debe poner fin a la mascarada de una vez y para siempre. Es personalmente responsable de su situación y sus problemas.


4. Este puede ser el momento apropiado para preguntarle si ha recibido alguna vez a Jesucristo como su Señor y Salvador. Cristo murió en la cruz específicamente por él, con el fin de salvarlo y cambiarlo.


5. Regresen al razonamiento del punto 3.


a. No debe volver a usar nunca el alcohol. Tratando de vivir de día en día, debe aprender a confiar en las promesas de Dios respecto a las tentaciones (1 Corintios 10.13)


b. Deberá dar por terminadas todas las relaciones que lo mantengan esclavizado en su patrón de conducta. “No erréis; las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres”. (1 Corintios 15.33).


c. Debe establecer nuevas relaciones.

Buscar un grupo local de Alcohólicos Anónimos u otras organizaciones de apoyo. Podrá encontrarlas en el directorio telefónico. Identificarse con una iglesia local que enseñe las doctrinas de la Biblia, donde podrá adorar al Señor, estudiar las Escrituras y tener compañerismo con otros cristianos, de modo que reciba también respaldo espiritual.


d. Sean sinceros con esa persona, indicándole que es posible que tenga recaídas; pero que no todo está perdido. Puede buscar la renovación sobre la base de 1 Juan 1.9, y las etapas del punto 5 se deberán practicar de día en día.


e. Oren con esa persona para que se vea liberada de su compulsión y la esclavitud en que se encuentra, con el fin de que pueda experimentar una transformación en su mente y su vida, por medio del poder de Dios (véase Romanos 12.1-2). Anímenle para que cultive una vida de oración.


6. Si su interlocutor es un cristiano que se ha convertido en víctima del alcohol, utilice las etapas anteriores.


7. En ambos casos, recomiéndele firmemente a esa persona que busque el asesoramiento de un pastor o psicólogo que comprenda lo que es el alcoholismo o la drogadicción. Muchas veces es necesario resolver las causas subyacentes del vicio, tales como inseguridad, sentimientos de culpa y fracaso, tensiones, conductas sexuales desviadas. Etc.


Citas bíblicas


“De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas (2 Corintios 5.17).


“Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres”. (Juan 8.36).


“No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar” (1 Corintios 10.13).


“El que encubre sus pecados no prosperará; más el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia”. (Proverbios 28.13).


“Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad”. (1 Juan 1.8-9).


“Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado”. (Isaías 26.3).


Mateo 11.28

2 Corintios 2.14

Juan 3.16

Gálatas 5.22-23

Romanos 12.1-2

Romanos 14.11-12

Tomado del libro: “Manual de Billy Graham para obreros cristianos”


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sábado, 6 de junio de 2009

AFLICCION Y LUTO


La aflicción es un sufrimiento emocional intenso que se debe a una pérdida personal. Hay dolor agudo, tristeza profunda, sufrimiento, malestar y angustia. El luto es un estado triste y solitario por una pérdida importante como, por ejemplo, la de un ser querido.

Se trata de una época difícil. El afligido considerará con frecuencia que su experiencia es única, que nadie antes ha tenido que soportar una pérdida semejante ni ha sufrido como él. Hay ciclos de alivio en el patrón de la aflicción que permiten que la persona entristecida se recupere al cabo de cierto tiempo. Sin embargo, algunos individuos se entregan a la aflicción durante períodos prolongados. En ciertos aspectos, nadie se libera completamente de los sentimientos de pérdida.

El ciclo de alivio que se mencionó antes suele desarrollarse como sigue:

1. El choque inicial de la muerte. el golpe emocional intenso que, algunas veces, deja ciertas personas como paralizadas.

2. La descarga emocional: un período de llanto.

3. La soledad y la depresión: el sentimiento de pérdida se relaciona a menudo con la dependencia que se tenia de la persona fallecida. Hay muchos síntomas de depresión.

4. Sentimientos de culpa: "Hubiera podido hacer algo más", o bien, "Debí hacer algo diferente", etc.

5. Ira y hostilidad: "¿Por qué me hizo Dios esto a mí?"

6. Una etapa de inercia: indiferencia, "No puedo seguir así". "No me importa nada".

7. Un regreso gradual a la esperanza: "La vida sigue su curso". "Podré salir adelante". "Dios me ayudará a soportarlo".

8. El regreso a la realidad y la normalidad: aceptación de la pérdida y ajuste a ella.

Sin embargo, debemos recordar que la aflicción no es previsible ni se puede catalogar. Algunas veces, las etapas de la aflicción parecen fusionarse y superponerse. El afligido puede sentir alivio en cierta fase de su "sufrimiento", tan sólo para que su dolor vuelva al poco tiempo.

El asesoramiento a las personas afligidas exige sinceridad, una sensibilidad y una ternura especial, simpatía y empatía. Debemos confiar en la guía del Espíritu Santo. Las respuestas convenientes, elaboradas o hechas suenan falsas. Nuestras palabras deben ser sinceras y significativas, "ajustadas a la situación", porque el verdadero consuelo para el afligido depende de en qué punto de su proceso aflictivo se encuentre.

No pretendan tener una respuesta para todas las cosas. Admitan que no comprenden por qué o cómo hace Dios lo que hace.

No sean del tipo de quienes tratan de llenar a los afligidos de ánimo y de buena voluntad.

No ofrezcan frases hechas o trilladas sobre la muerte y el sufrimiento.

No sugieran que si el afligido fuera más espiritual o estuviera cerca de Dios, el dolor sería menor.

Recuerden que una sesión breve no satisfará todas las necesidades de su interlocutor. No obstante, es preciso hacer todo lo posible para darles a esas personas el mensaje de las Escrituras y presentarles a Cristo. Confiaremos en que Dios hará su obra.

Estrategia de asesoramiento

1. Indíquele a su interlocutor que les interesa y quieren ayudarle. Anímenle para que les hable de su pérdida y sus sentimientos al respecto. Sepan escuchar con paciencia. Es una gran ayuda la de poder descargar los sentimientos cuando se está afligido.

2. Díganle que es sano tener dolor y aflicción. Se trata de una experiencia humana universal por la que debemos pasar todos. Alguien dijo que la aflicción es "un don de Dios". Puede que sea Su modo de ayudarnos a reaccionar ante el choque tremendo de la muerte y sus consecuencias emocionales. Jesús lloró ante la tumba de Lázaro. (Juan 11:35)

3. Señálenle que es bueno expresar los sentimientos de culpa, ira, confusión o desesperación. Esos sentimientos no debe reprimirlos el interlocutor ni rechazarlos el consejero. Anímele para que les hable sobre cómo se siente.

4. Díganle que las cosas que está experimentando son con frecuencia normales en el proceso de la aflicción y que la aceptación y el remedio llegarán, aunque es posible que tarden en hacerlo. Dios quiere llevar nuestras aflicciones y pérdidas y darnos consuelo, esperanza y aliento. La vida puede parecer que no tiene valor en estos momentos, pero recuerden que Cristo es permanente, la roca sólida, la piedra angular sobre la que se puede reconstruir la vida.

5. Pregúntenle si ha recibido alguna vez a Jesucristo como su Señor y Salvador personal. Si es apropiado, explíquenle las leyes espirituales y cómo obtener la paz con Dios.

6. Díganle que, para el cristiano, la muerte no es el final de la vida. Por medio de Su muerte y Su resurrección, Cristo venció al pecado y la muerte, de modo que el creer en El significa, ahora, "que nunca moriremos" (Juan 1"1:25-26) tenemos vida eterna (Juan 3:16) poseemos un lugar asegurado en el cielo (Juan 14:1-6) tomaremos parte en la resurrección de los muertos (1Cor. 15:51-52) Asimismo, "porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en Él" (1 Tesalonicenses 4:14) Así pues, un día habrá una reunión gloriosa entre nosotros y los dormidos en el Señor a los que queremos.

Animen a su interlocutor para que lea y estudie la Biblia. Es una fuente magnífica de consuelo y fortaleza.

7. Indíquenle que Dios considera nuestra vida terrenal como una preparación para el gozo mayor del cielo (Marcos 8:36) Así, permite que haya en nuestra vida pruebas, sufrimientos y la muerte de nuestros seres queridos, para que entendamos mejor nuestra necesidad de confiar en El. "Pero tuvimos nosotros mismos sentencia de muerte, para que no confiásemos en nosotros mismos, sino en Dios que resucita a los muertos" (2 Cor. 1:9)

8. Si su interlocutor expresa sentimientos de culpa por algún aspecto de la muerte de su ser querido (esto es muy común en los casos de suicidio) aconséjele que no se "autosugestione” en estos momentos. No debe sentirse culpable por nada que hubiera debido o no hacer. Eso pertenece al pasado y debe dejarle al Señor todos sus pesares. Si tiene algo que confesarle a Dios, que lo haga; pero que acepte también la realidad del perdón del Señor a la luz de 1 Juan 1:9.

9. Si esa persona parece estar abrumada por sus sentimientos de pérdida, soledad o lo que le depare el futuro, etc., aconséjele que confíe en sus familiares y amigos y que trate de obtener de ellos aliento y respaldo emocional. La iglesia puede contribuir mucho a llenar los huecos que hayan quedado. El pastor y/o líder debe ser capaz de ofrecer una gran cantidad de respaldo emocional. Si su interlocutor no asiste aún a la iglesia, deberá comenzar a hacerlo. El aprender a a aceptar la voluntad de Dios para lo que haya sucedido, el tener el corazón lleno de agradecimiento por los años de amor compartido mientras el ser querido estuvo vivo y por las promesas para el futuro, y el esforzarse en ayudar a otros que sufren, con amor cristiano, constituyen una magnifica terapia y servirán como factores importante para aprender a volver a vivir plenamente.

10. Oren con su interlocutor para que pueda tener en su vida comprensión, consuelo y bendiciones.

La muerte de un hijo

La muerte de un hijo (hija) resulta especialmente dura para los padres y los miembros de la familia que sobrevivan. La muerte después de una vida breve produce con frecuencia sentimientos de culpa, melancolía y una gran cantidad de preguntas. Además de la estrategia de asesoramiento, ofrecemos lo que sigue, para estos casos:

1. Aunque no sabemos por qué murió el niño, sabemos que los niños son especialmente preciosos para Dios. Jesús dijo: "Porque de tales es el reino de Dios" (Mt 19:14) Esto quiere decir que los niños que mueren van inmediatamente a Su presencia.

2. Cuando la muerte arrebató un hijo al Rey David, dijo: "¿Podré yo hacerle volver? Yo voy a él, mas el no volverá a mí" (2 Samuel 12:23) Así, si creemos que Jesús murió y resucitó, confiando en Él como nuestro Seños y salvador, tenemos la bendita promesa de volver a ver a nuestros seres queridos.

Citas Bíblicas

"Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llandto, ni clamor, ni dolor, porque las primeras cosas pasaron" (Ap. 21:4)

"Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia. Porque de ambas cosas estoy puesto en estrecho, teniendo deseo de partir y estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor". (Fil. 1:21,23)

"No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis". (Juan 14:1-3)

"Bendito el Dios y padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una espranza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos, para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros, que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero". (1 Pe. 1:3-5)

"Porque sabemos que si nuestra morada terrestre, este tabernáculo, se deshiciere, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha de manos, eterna en los cielos". (2 Cor. 5:1)

Salmo 23:4-6

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jueves, 4 de junio de 2009

EL ABORTO

La mayoría de los cristianos evangélicos consideran que ningún medico ni practicante tiene derecho a tomar el lugar de Dios para poner fin a una vida humana mediante el aborto.

Ninguna mujer tiene “derechos” sobre su propio cuerpo hasta el punto de tener libertad para destruir arbitrariamente niños no nacidos. El embrión que se desarrolla en su cuerpo es mucho más que una simple parte de ella. Tiene existencia separada. ¡Es una vida!

Las Escrituras conceden un valor primordial a la vida humana. Es sagrada y de un valor inestimable para Dios, que nos creó “a su imagen” (Génesis 1:26, 27), que sostiene la vida (“En sus manos está el alma de todo viviente y el hàlito de todo el género humano” (Job 12:10) ) y nos redimió (2 Corintios 5:19).

El aborto es malo porque La Biblia dice: “No matarás” (Deuteronomio 5:17). Es malo porque cada feto tiene potencial para convertirse en una persona plenamente desarrollada y responsable ante Dios. David escribió hace miles de años: “Mi embrión vieron tus ojos. Y en el libro estaban escritas todas aquella cosas que fueron luego formadas, sin faltar una de ellas” (Salmo 139:16).

Estrategia de asesoramiento

Este problema tiene muchas facetas. Dos de las que es muy posible que el consejero tenga que abordar son el de una mujer que está planeando tener un aborto, y el de los sentimientos de culpa de alguien que lo haya tenido ya. Será preciso tratar a esas personas de modos distintos. Los consejeros pueden tener también que tratar a los padres de una joven encinta, el padre de un bebé, el personal medico que deberá efectuar abortos o ayudar en ellos, etc.

La persona que planea tener un aborto:

1. Déle ánimo. Dígale que hizo muy bien al decidirse a compartir su ansiedad, que se siente feliz de poder hablar con ella v que espera poder darle cierta información que le ayudará a tomar su decisión final.

2. A continuación, con tacto, hágale comprender que es muy posible que tenga ya sentimientos profundos muy firmes respecto a las implicaciones morales del aborto, porque, de lo contrario, no hubiera llamado.

Evite emitir juicios sobre su situación. Por ejemplo, si es una joven soltera, su embarazo puede deberse a que buscó el amor, La atención v el afecto que nunca recibió en su hogar. Al mismo tiempo, evite tratar de suavizar la gravedad de su conducta, porque se trata de un pecado.

3. Hágale preguntas respecto a sus sentimientos relativos al aborto.

¿Qué fue lo que le impulsó a llamarnos para hablarnos de su problema?
¿Cuáles son sus verdaderos sentimientos respecto al aborto?
¿Hubo algo en el mensaje del doctor Graham que se dirigió a usted en forma especial?, ¿Qué fue?

4. Tanto si la persona de que se trate admite que el aborto es malo como si no es así, preséntele los aspectos bíblicos a ese respecto, con amabilidad; pero de manera firme.

5. Pídale que tome en consideración otras alternativas. Si está pensando en tener un aborto debido a! estigma de tener un hijo ilegítimo, complicará su situación todavía más y se sentirá culpable por ello. ¡El quitarle la vida a su hijo no nacido convertirá un mal sueño en una verdadera pesadilla! Recomiéndele que piense en la posibilidad de tener su bebé, pidiéndole a Dios que la experiencia sea para bien. El Señor podrá hacerlo así, si la dama se entrega a El y le confía su problema. “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien” (Romanos 8:28).

Si le preocupa el no ser capaz de cuidar o sostener a su bebé, recomiéndele que piense en ofrecerlo en adopción. Hay muchas parejas que buscan niños que adoptar, y pueden proporcionar amor y un buen hogar. Existen muchas organizaciones a las que puede acudir en busca de ayuda. Recomiéndele que busque los consejos de un pastor evangélico local, que deberá estar en condiciones de iniciar los trámites para asegurar la adopción del bebé.

6. Pregúntele si ha recibido alguna vez a Jesucristo como su Señor y Salvador. Si es apropiado, use las “Etapas para obtener la paz con Dios”, página 11.

7. Aconséjele que comience a leer La Biblia. Para reestructurar su vida según los principios bíblicos, necesita leer y estudiar Ia Palabra de Dios. Ofrézcale enviarle el folleto “Cómo vivir en Cristo” para ayudarle a comenzar.

8. Pregúntele si tiene una iglesia cerca de ella. Deberá tratar de identificarse con una iglesia que enseñe las doctrinas de La Biblia para encontrar compañerismo, ánimo y crecimiento cristiano.

La persona que ha tenido un aborto y tiene sentimientos de culpabilidad

1. Anímela, asegurándole que ha acudido al lugar correcto. Nos preocupamos y deseamos ayudar en todas las formas que podamos. Dios tiene una solución para cada situación humana y esa persona puede confiar en que el Señor actuará para su bien.

2. No recalque demasiado su pecado; sin embargo, no trate tampoco de quitarle importancia. El hecho de que esté dispuesta a hablar de sus sentimientos de culpabilidad es una indicación de que Dios le está hablando.

3. Háblele del perdón de Dios para quienes están dispuestos a arrepentirse y confesarle sus pecados al Señor.

A la mujer sorprendida en adulterio, Jesús le dijo: “Tampoco yo te condeno; vete, y no peques mas” (Juan 8:11).

3. En el caso de que se produzca una confesión, no haga hincapié en el pasado (véase Filipenses 3:13, 14).

5. Pregúntele si ha recibido alguna vez a Jesucristo como su Señor y Salvador personal.

6. Aconséjele que busque la comunión con Dios por medio de la lectura de la Biblia y la oración.

El perdón es inmediato; pero el sentimiento de restauración y aceptación se obtendrá en el momento apropiado. Mediante su entrega a esta importante disciplina de oración y lectura de la Biblia, esa persona crecerá en su relación con Dios.

7. Aconséjele que busque o reanude su identificación con una iglesia que enseñe las doctrinas de la Biblia.

Allí podrá recibir los consejos del pastor, escuchar las enseñanzas sobre la Palabra de Dios y obtener fortaleza mediante el compañerismo con los cristianos.

8. Ore con ella. Pídale a Dios perdón, entrega y fortaleza para el futuro.

Citas bíblicas

La maravilla de la vida

“He aquí, herencia de Jehová son los hijos; cosa de estima el fruto del vientre” (Salmo 127:3).

“Porque tú formaste mis entrañas; tú me hiciste en el vientre de mi madre. Te alabaré, porque formidables, maravillosas son tus obras. Estoy maravillado y mi alma lo sabe muy bien. No fue encubierto de ti mi cuerpo, bien que en oculto fui formado, y entretejido en lo más profundo de la tierra. Mi embrión vieron tus ojos, y en el libro estaban escritas todas aquellas cosas que fueron luego formadas, sin faltar una de ellas” (Salmo 139:13-16).

El perdón

“Si confesamos nuestros pecados, él es fiel! y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9).

“Deje el impío su camino y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar” (Isaías 55:7).

“El es quien perdona todas las iniquidades, el que sana todas tus dolencias; el que rescata del hoyo su vida, el que te corona de favores y misericordias” (Salmo 103:3,4).

Salmo 32:1-5 (Estos versículos los escribió una persona culpable de adulterio y asesinato).

Valor y fortaleza para seguir adelante

“Pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán y no se cansarán; caminarán y no se fatigarán” (Isaías 40:31).

“¿Por qué te abates, oh alma mía, y por qué te abates dentro de mi? Espera en Dios; porque aún he de alabarle, salvación mía y Dios mío” (Salmo 42:11).

Tomado del libro: “Manual de Billy Graham para obreros cristianos”

©CAZADORES DE DIOS 2009. Derechos Reservados.
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miércoles, 3 de junio de 2009

EL ADULTERIO

La Palabra de Dios establece claramente que el matrimonio es un compromiso para toda la vida con el individuo escogido para ser nuestro conyugue.

Este compromiso significa que “rechazamos a todos los demás”: “Por esto el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne” (Mateo 19:5).

Sin embargo, la infidelidad sexual, por parte tanto de los maridos como de las esposas, ha llegado a ser epidémica, según las encuestas y los informes sobre prácticas sexuales. El adulterio está prohibido y condenado por Dios en Su Palabra, que indica con toda claridad que la ira de Dios se descargará sobre todos los que practiquen este pecado: “Honroso sea en todos el matrimonio, y el lecho sin mancilla; pero a los fornicarios v a los adúlteros los juzgará Dios” (Hebreos 13:4).

“¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros heredarán el reino de Dios” (1 Corintios 6:9-10). “Huid de la fornicación. Cualquier otro pecado que el hombre cometa, está fuera del cuerpo; mas el que fornica, contra su propio cuerpo peca” (1 Corintios 6.18).

Tomemos en consideración algunas de las consecuencias del adulterio:

• Emocionales: sentimientos de culpa, temor, ansiedad, pérdida de estimación propia, personalidad destruida, depresión, etc.

• Físicas: Embarazos y nacimientos ilegítimos, enfermedades venéreas y abortos.

• Espirituales: Pérdidas en esta vida y en la del más allá.

El Doctor Graham escribió: “¡Cuántos hogares se encuentran destrozados por hombres y mujeres infieles! Qué tremendo pecado se comete diariamente en este punto! Dios no los considerará libres de culpa! Hay un día de ajuste de cuentas. “Sabed que vuestro pecado os alcanzará” (Números 32:23). Les alcanzaran en sus propias vidas familiares en la tierra y en sus relaciones con sus cónyuges; y también les alcanzará en la vida por venir”.

• Nuestros propios deseos egoístas y pecaminosos: “Sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido” (Santiago 1:14).

• Falta de madurez: El 50% de los matrimonios entre adolescentes se desbaratan en los primeros cinco años; sin embargo, la edad no es el único criterio importante. El egoísmo inmaduro, a cualquier edad, puede conducir a la infidelidad conyugal. Otro signo de inmadurez es la falta de disposición para aceptar la responsabilidad por una familia.

• Cónyuges exigentes, criticones, regañones y punzantes.

• Falta de satisfacción sexual por parte de uno de los cónyuges.

• Transferencia hacia el esposo o la esposa de la hostilidad que se siente contra el padre o la madre.

• Parientes políticos entrometidos que abruman a los cónyuges con criticas y consejos bien intencionados.

• Falta de una educación sexual adecuada.

No se pueden esperar soluciones fáciles al afrontar el problema del adulterio. Sin embargo, Dios puede hacer el milagro del nuevo nacimiento para los no cristianos y el de la renovación espiritual de sus hijos e hijas que se han enfriado. Si el asesor logra obtener una entrega a Cristo, podrá confiar en que este hecho aportará una nueva perspectiva, facilitando La corrección de las vidas y la aplicación de soluciones permanentes.

Estrategia de asesoramiento

Para el cónyuge que participa en el adulterio

1. Trate de presentarse como una persona preocupada y llena de interés, sin ser dominante. Demuestre su gozo a poder compartir su cristianismo y su esperanza de poder llegar a alguna solución.

2. No exprese juicios ni asuma una actitud de “mayor santidad”. No comience a utilizar citas bíblicas condenatorias que, de todos modos, surgirán normalmente cuando dé el testimonio de Cristo, en el momento apropiado.

3. Anime a esa persona a hablar de su situación, con el fin de que pueda obtener un cuadro completo de sus circunstancias. Al mismo tiempo, no asedie a esa persona, tratando de obtener demasiados detalles.

4. Cuando considere que ha obtenido la suficiente información, indíquele a esa persona que, a continuación, va a tratar de encontrar y desarrollar soluciones. Sin embargo, pasará a esas soluciones al cabo de unos cuantos minutos. Mientras tanto, convendrá que le pregunte a esa persona si ha recibido alguna vez a Jesucristo como su Señor y Salvador personal.

5. Después de orar con esa persona, pregúntele qué soluciones sugiere para el problema del adulterio.

6. A continuación, acuda a las Escrituras. Señale que Dios no solo nos exige que confesemos el adulterio como pecado, sino también que lo desechemos de nuestras vidas. “El que encubre sus pecados no prosperará; mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia” (Proverbios 28:13).

7. Recomiéndele a esa persona que busque en su mente las razones probables para su infidelidad y que se las dé a conocer. Quizá convenga que mencione algunas de las “Razones para el adulterio” de los antecedentes, con el fin de estimular los pensamientos de su interlocutor.

Sugiérale que comparta esas razones con su cónyuge. Un esfuerzo sincero para establecer una comunicación es el único modo en que se podrán sacar todas las cosas a la luz, llegando a una situación que permita encontrar soluciones. Para comenzar, el cónyuge infiel debe dar pruebas de arrepentimiento y pedir perdón.

8. Aconséjele que comience a leer la Palabra de Dios con su cónyuge. Esto les proporcionará a los dos, información respecto a sus responsabilidades y les dará fortaleza para resistir las tentaciones y el pecado. Asimismo, anímelos para que oren juntos.

9. Luego, recuérdenles que traten de identificarse con una iglesia en la que se enseñe La Biblia. Esto les dará fortaleza, debido al compañerismo, La adoración y el estudio de la Biblia. Su meta deberá serla de convertirse en cristianos consagrados. El principal factor que contribuye a la existencia de este problema es La falta de una relación vital con Cristo.

Para el cónyuge del adúltero

Estas personas se sienten con frecuencia traicionadas, rechazadas y heridas. Aun cuando es posible que solo uno de los cónyuges cometa adulterio, es frecuente que los dos cónyuges contribuyan a ello.

1. Anime a esa persona a que se pregunte:

A ¿Cómo he contribuido a la infidelidad?

¿Expreso demasiadas críticas?

¿Le doy todo el apoyo necesario?

B. ¿Qué circunstancias de nuestro matrimonio pueden haber contribuido a que surgiera ese problema?

C. ¿Qué puedo hacer para proporcionar una solución que salve nuestro matrimonio?

2. Ayude a su interlocutor a determinar el mejor modo de actuar.

A. perdón. Nunca se podrá resolver esta situación a menos que haya disposición para perdonar. Esto puede resultar muy difícil; pero es posible encontrar algún modo. Los participantes en el problema deben pedirle a Dios Su gracia y Su sabiduría para afrontar su situación correctamente. El amor y La preocupación del consejero se pondrán claramente de manifiesto en este punto. El conjugue culpable debe tratar de obtener el perdón de Dios y también el de su esposo o esposa.

B. comunicación. La pareja deberá esforzarse todo lo que sea necesario para establecer una comunicación entre los dos esposos, con el fin de analizar libremente todas Las facetas del problema. La falta de comunicación puede haber sido uno de los factores que contribuyeron a ese pecado. Es preciso corregir esa situación cuanto antes.

C. oración. Los esposos deben orar juntos y confiar en que Dios resolverá las cosas, con el fin de salvar y fortalecer el matrimonio.

D. Asesoramiento. Deben estar dispuestos a tomar en consideración la posibilidad de recibir un asesoramiento profesional serio con un pastor competente, un psicólogo o un psiquiatra cristiano. Puede necesitarse mucho tiempo para que se resuelva la situación.

Citas bíblicas

“Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9).

(Jesús le habla a La mujer acusada de adulterio).
“Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno; vete y no peques más” (Juan 8:11).

“Honroso sea en todos el matrimonio y el lecho sin mancilla; pero a los fornicarios y a los adúlteros los juzgará Dios” (Hebreos 13:4).

“El marido cumpla con La mujer el deber conyugal, y asimismo La mujer con el marido. La mujer no tiene potestad sobre su propio cuerpo, sino el marido; ni tampoco tiene el marido potestad sobre su propio cuerpo, sino La mujer” (1 Corintios 7:3-4).

“Lavaos y limpiaos; quitad la iniquidad de vuestras obras de delante de mis ojos; dejad de hacer lo malo; aprended a hacer el bien; buscad el juicio, restituid al agraviado, haced justicia al huérfano, amparad a La viuda. Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como La grana, como la nieve serán emblanquecidos; Si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana” (Islas 1:16-18).

1 Corintios 6:15-20.

Tomado del libro: “Manual de Billy Graham para Obreros Cristianos”

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